Juegos divertidos para conectar en familia (I parte)

20 de julio 2020

No sé vosotros pero a mi este confinamiento me ha dado una oportunidad para estar más presente, más consciente de lo que necesitaba para tener un día a día más llevadero que, dadas las circunstancias, no eran fáciles de por sí.  Tenemos tres peques, de 11 (aunque ya no tan peque), 8 y 5 años, y desde el principio del confinamiento descubrimos que una de las mejores maneras para nosotros de estar en familia y pasar un rato divertido eran los juegos.

Siempre nos han gustado mucho los juegos de mesa pero en estos meses nos hemos hecho unos grandes aficionados y han tomado un espacio en nuestra rutina diaria. Y lo mejor de todo es que muchos de los juegos que hemos usado nos han ayudado con las tareas escolares y hacerlas un poco más livianas y atractivas para ellos, sobre todo para los dos pequeños.

A continuación voy a compartir con vosotros nuestros favoritos, siendo consciente de que hay muchos más también muy buenos.  Sin embargo, yo solo puedo hablar de lo que conozco y prefiero limitarme a enseñaros los que nosotros tenemos y con los que, además, jugamos a menudo.

En esta primera entrega, compartimos con vosotros 10 juegos:

            3 de ellos creativos, para los pintores de la casa.

            1 juego para los peques (solitario) que se puede llevar a cualquier sitio

            2 juegos en los que se trabajan conceptos matemáticos

            2 juegos de mesa familiares

            2 juegos de atención

  • MONSTER KIT (3+años) Tranjis Games

El creador es un profe de Primaria y la idea es muy bonita.  En casa lo disfrutamos todos por igual.

Es un juego de cartas. 

Con diferentes cartas iremos creando un monstruo.

Hay 5 tipos de cartas y cada tipo de carta es para pintar una parte del cuerpo: cuerpo, ojos, nariz, boca y complementos.  En cada uno de los tipos que, además, se diferencian porque cada tipo es de un color, hay un comodín. Una carta que no tiene nada y eso quiere decir que pueden pintar como quieran esa parte del cuerpo.  Las cartas se eligen al azar. Con esto trabajan la creatividad, planificación y atención.

Además, cada carta tiene abajo una sílaba y con cada tipo que vayan recogiendo y pintando formarán una palabra completa que será el nombre del monstruo.

Y, por último, en cada carta, arriba a la derecha hay un número que también anotarán en su papel y que irán sumando con cada elemento. Y acabarán con una cifra final, producto de la suma de todos ellos.

Por supuesto, lo que se hace con las cartas es opcional y hasta donde ellos puedan o quieran llegar.  Pero es una buena manera de introducir conceptos lingüísticos y matemáticos de una manera lúdica.

Esta es la versión básica del juego pero tiene muchas opciones de juego en los que se fomenta la memoria.

  • ¡A dibujar!  (+3)  de Hervé Tullet. Ed.Kokinos

Este juego en particular da opción a una gran creatividad. Cada  jugador puede hacer un dibujo completamente diferente a pesar de tener las mismas indicaciones.

36 cartas de lunares.

30 cartas rayadas. 

Cada montón tiene un tipo de indicación para hacer en cada turno.

6 plantillas para usar

1 dado de colores y números

Puedes jugar solo o con más participantes (tantos como queráis)

En cada turno se coge al azar una carta rayada y otra de lunares y tendrá que dibujar lo que ponga. El dado se usa para dibujar cuantas veces salga al tirarlo.

El juego termina cuando alguien decide que ya ha dibujado todo lo que quería en una partida. Entonces se pueden mostrar las diferentes obras de arte.  Lo mas bonito? Que todas son diferentes.

  • Speed Colors (+5)  de Erwan Morin.  Ed. Mercurio

Son 55 cartas con dibujos

5 cartas para hacer un seguimiento de puntos

6 rotuladores con borrador

Cada carta tiene un dibujo coloreado en un lado y el mismo por el otro lado sin colorear. Cada dibujo usará los 6 colores.

Se trata de mirar el dibujo por el lado que está coloreado e intentar memorizar los colores y luego reproducir el dibujo por el otro lado.  Intentar hacerlo de memoria.

Con los más peques simplemente darles tiempo.  Es un trabajo maravilloso para trabajar la concentración, la atención, la memoria.  El juego propone diferentes niveles de dificultad. Todo depende de cada jugador y de su nivel. 

60 cartas con la propuesta (cada color tiene un nivel de dificultad)

9 fichas con imágenes en ambas caras ( 2 cuadradas y 7 rectangulares)

Hay diferentes modelos de este juego. A mi hija le gustan mucho los unicornios y por eso lo tenemos con esta temática pero hay de otras temáticas.

Es para un jugador o para ayudar al jugador. Es ideal para llevar de viaje o a restaurantes ya que cabe en la cajita tan mona y tan pequeña.

El juego consiste en formar el dibujo presentado en la carta de desafío con las fichas que tiene.  Debe seguir el patrón de colores que marca la Carta de Desafío.

Es un juego para trabajar también la concentración, la atención, la estrategia, la lógica y la paciencia.

  • Galletas (+5) Roberto Fraga. Scorpion Masque

34 cartas:  17 de ellas fáciles para el que comienza a jugar y 17 difíciles (éstas tienen una estrella roja en el reverso)

5 cartas de monstruo (una para cada jugador)

6 fichas de madera (con adhesivos para pegar en ellas)

1 dado

El juego consiste en que cada jugador escoge una carta de monstruo.  Luego se escoge el nivel a jugar (nosotros a veces mezclamos los niveles).

Del nivel escogido se barajan las cartas y se cogen al azar 3 que se ponen boca arriba.

Las fichas de madera que son las golosinas se dejan cerca de las cartas.  Se lanza el dado y la figura que salga es por donde se comienza a buscar siguiendo la línea desde la golosina que haya aparecido en el dado.  Donde termina en la primera carta es por donde se empieza en la siguiente carta, y en la tercera igual. El que antes encuentre en qué golosina acaba coge la golosina de madera y se gana la carta que es la golosina que se comerá su monstruo.  Todos los jugadores juegan a la vez.

Es un juego muy flexible.  También te puedes inventar, adaptándolo a tus peques, las normas a seguir.  A mi hija pequeña le gusta mucho porque no es un juego que requiera mucha preparación.

Ayuda con la velocidad de procesamiento, concentración y atención.  También ayuda a mejorar la tolerancia a la frustración y es muy divertido comer golosinas, verdad?

  • Panic Diner  (7+)  Blue Orange

1 tablero de juego

1 fregadero (que es la tapa de la caja)

48 fichas de plato (con dibujos por ambas caras

16 ficha de estrella

7 fichas de trofeo (por una lado trofeo conseguido por la otra cara trofeo no conseguido)

40 cartas de clientes (redondas)

20 cartas de desafíos (cuadradas)

1 reloj de arena de 90seg.

Es un juego muy real de lo que ocurre en la cocina de un restaurante. Básicamente consiste en completar una serie de pedidos cada día. Si se consigue completar todos los pedidos de los clientes (que variarán según el número de participantes en el juego) se considerará un buen día de trabajo.  Dependiendo de cuántos días de la semana consigamos satisfacer todos los pedidos, nuestro restaurante tendrá una mejor o peor reputación.

A cada jugador se le reparte una carta redonda (con su correspondiente pedido) y luego se coge al azar una carta cuadrada (de los desafíos).  Una vez que todos los camareros sepan que el desafío cuenta para todos y que, a su vez tienen que cumplir el desafío, se pode el reloj de arena a funcionar y tendrán 90 seg.  para completar los pedidos. Los pedidos se completan con las fichas de plato.  El que haya completado el pedido antes de que termine el tiempo debe poner los platos en el fregadero y si no tiene más que hacer puede encargarse de lavar los platos. Por qué es esto importante? Porque a veces no habrá suficientes fichas de plato y se pueden encontrar en el fregadero pero se tienen que lavar antes de poder volver a disponer de ellas.

¿Cómo recuperar los platos? En el reverso de la carta de cada carta de cliente hay unos colores en círculo que indican los platos. Para que un jugador pueda recuperar los platos tiene que encontrar en el fregadero el plato correspondiente a cada carta de cliente y cuando consiga todos los colores de una carta, esos platos se pueden recuperar para completar otros pedidos.  El trabajo de fregar los platos lo puede hacer un jugador o varios, según el equipo vea necesario.

Cuando el tiempo acabe, todos acaban donde estén y se hace recuento de lo que se ha conseguido y no conseguido.

Cada jugador recibe una estrella por su pedido completo.  Y si todos han conseguido completar los pedidos de la ronda: se consigue un trofeo.

Estos trofeos se van colocando en el tablero principal, en cada día. Para ver al final de la semana cuántos trofeos han conseguido y ver cómo se cataloga tu restaurante.

Es un juego muy divertido.  A los peques les encanta porque la locura y rapidez del juego pero necesitarán un poco de ayuda.  Aunque está recomendado para a partir de 7 años, mi hija de 5 juega y le encanta. 

Algo muy positivo de este juego es que es un juego cooperativo.  Se trabaja como equipo, lo que hace más fácil para los peques y no hay un perdedor, por así decirlo

  • Bloom (8+) Ludilo

75 hojas por las dos caras con 6 jardines diferentes y el sistema para hacer la puntuación en la misma hoja

6 dados de colores (el color blanco/transparente sirve de comodín)

En cada turno, los jugadores eligen un dado de todos y lo que hará es con el número y el color que ha escogido, rodeará las flores de un jardín (como si hiciera una recolecta).  El truco del juego está en que solo podrá recolectar las flores del color correspondiente. 

Al principio se escoge el que va a ser el primero. Una vez decidido, éste lanza los dados y elige el color que prefiere y pasa el resto de los dados a los demás jugadores.  El siguiente, hace lo mismo y, de esta forma, van quedando menos dados y, por tanto, menos posibilidades para los siguientes jugadores.  Solo se pueden recolectar de forma horizontal o vertical y se puede atravesar a las jardineras adyacentes. Si escoges el dado comodín, eres tú el que decide el color de flores a recolectar.  Las flores blancas son consideradas del color que tu decidas.

En la parte derecha de la hoja está el sistema de puntuación.  Una vez que recolectes las 12 flores de una jardinera, puedes marcar el primer número disponible en la sección de puntación de jardineras.  Cuantas más jardineras consigas, más valor tiene la siguiente.

Cada ronda es un jugador diferente el encargado de lanzar los dados y, por tanto, el que escoge el dado.

Se continúa jugando hasta que un jugador haya conseguido tres números en la sección de color o cuando un jugador haya recolectado 4 jardineras.  Cada jugador calcula su puntuación.

También se puede jugar en SOLITARIO con alguna variante.  Es un juego que, aunque técnicamente sí tiene un ganador, no resulta competitivo porque cada jugador está bastante más pendiente de trabajar en su objetivo que de lo que hace el resto de jugadores.

Es otro de esos juegos que a mi hija le encantan y juega muy bien ( a pesar de que en la caja se recomienda para mayores de 8 años).  Es lo que tiene jugar en familia, que todo juego puede ser lo competitivo o cooperativo que sea la familia.  En mi caso me interesa que trabajen y desarrollen la lógica, la estrategia, el saber establecer un objetivo.  Y bueno, al tener números también se trabajan conceptos matemáticos.  Y los colores de los dados y jardineras son tan alegres que invita a jugar y pone una sonrisa.

  • Nimble (6+)   SD Games

120 cartas que se separan en 4 mazos de 4 colores diferentes y 30 cartas cada uno.

Cada jugador (hasta 4 cuatro) escoge un color de mazo y coge todas las cartas. Si hay dos jugadores, uno de ellos colocará dos de sus cartas boca arriba en la mesa y el otro 1. Esas cartas en la mesa son el punto de partida.  La partida acaba cuando uno de los jugadores se quede sin cartas.

Todos juegan a la vez.  El mazo lo mantienes en una de tus manos boca abajo y con la otra mano das la vuelta a la carta superior que se pondrá encima de la mesa en tu pila de cartas descartadas.

Atención!: cuando el color del marco de tu carta coincida con el color del círculo de la carta superior en una de las 3 pilas que están en la mesa como destino, puedes colocarla encima de esa carta.  Puedes colocar varias cartas consecutivamente.  Una vez un jugador se queda sin cartas a descartar, la partida ha terminado.  Para confirmar que todo el mundo ha jugado sin cometer errores al descartar ( es un juego rápido) pueden ir comprobando las 3 pilas y viendo si todas encajaban. Las que no encajan se puede mirar el dorso de la carta y, al saber quién tenía ese color, se sabrá quién ha cometido el error.

Es un juego que te mantiene en vilo toda la partida.  El nivel de atención es importante porque hay detalles que pueden pasar desapercibidos si no estamos concentrados. También se trabaja la velocidad de procesamiento y la estrategia.

  • La Aventura de las Tablas (7+)  HABA

1 muro de incógnitas (tablero grande el juego)

1 recorrido (tablero pequeño para los puntos)

100 fichas de mosaico

23 cartas

1 reloj de mesa

4 aventureros

Se mezclan las fichas y colocarlas en el tablero con el color claro boca arriba sin importar el orden pero en el mismo sentido de lectura. Hay que hacer que haya un hueco en el tablero así que se cogerá una de las fichas y se colocará en la parte inferior derecha del tablero, en la telaraña. En la versión del juego básico se verá el hueco que ha quedado y calcular el número de esa casilla.  Se multiplicará el número de la parte superior de esa columna por el número del extremo izquierdo de la fila que corresponde a esa casilla.  Al encontrar la respuesta, buscar en el tablero una ficha con ese número y darle la vuelta para ver si el color del dorso corresponde al color de la casilla libre.

Es un juego educativo que enseña de una manera lúdica unos conceptos matemáticos al tiempo que se divierten y ven quién avanza más en el tablero  del recorrido. Dependiendo de la edad y disposición de los peques, se puede usar el reloj de arena.  Nosotros, como también juega mi hija de 5 años, no lo usamos aún.

  • ¡Pillado!  ( 5+) Ludilo

16 cartas de sospechoso

16 cartas de ladrón

12 marcadores de pistas

4 fichas de sombrero de detective

3 dados

1 zorro

1 decodificador de pistas

1 tablero de juego

Un zorro ha robado una tarta y la ha escondido en su madriguera.  Entre todos los jugadores habrá que conseguir averiguar cuál es el zorro que lo ha hecho, antes de que escape de su madriguera.  Entre todos se decide qué hacer en el turno de cada jugador: ir a por pistas o descartando sospechosos.

El ladrón se escoge al azar, barajando las cartas.  La carta elegida se pone en el decodificador de pistas.  En cada turno, antes de tirar los dados, habrá que elegir si se quiere ir a por pista o descartar sospechoso y se podrá tirar los dados hasta tres veces para que salga o bien los ojos (sospechoso) o huellas (pistas). Los tres dados tienen que tener el mismo símbolo para poder ejecutar la acción.  Si no sale, el zorro avanzará 3 casillas hasta liberarse de la madriguera.

Es un juego cooperativo que inicia a los más peques en el mundo de los juegos de mesa.  Trabaja la cooperación, planificación, paciencia, estrategia y atención.  Es un juego de familia muy entretenido. A quién no le gusta convertirse en un detective de vez en cuando. 😉

Espero que esta primera entrega de juegos para familias os ayude a escoger nuevos juegos que incorporar en vuestra dinámica.  Es una manera tan bonita de conectar y ahora, en verano, tenemos más tiempo.

En la próxima entrega hablaremos de algunos juegos piscineros también.

Un abrazo,

Jennifer y familia

Aprendiendo a ser madre otra vez

Aprendiendo a ser madre otra vez

Hace unos días despedí a Unai en la estación de Atocha. Lo dejé acompañado de dos monitoras y un grupo de unos 15 niños bastante más mayores que él. Este ha sido el último de una serie de nuevos pasos que comencé a dar como madre después de escuchar a Francesco Tonucci en el colegio Mirasur. La verdad es que dijo una serie de verdades brutales que, aunque yo ya sabía, me auto-convencía que aún me quedaba tiempo. Que mi niño de 10 años recién cumplidos aún era muy pequeño. Que mi forma de educar (y sobre todo proteger) era lo mejor para él. Esa charla fue un despertar a una nueva realidad para mi: que tengo que emplear diferentes técnicas y que si quiero ver a mi futuro hijo como un adulto capaz, los pasos a seguir a partir de ahora tendrían que ser diferentes.

Así que, después de dar forma mentalmente a lo que iba a hacer , Bill y yo acordamos que si, que ya era hora de darle lo que llevaba pidiéndonos cerca de un año. Os hacéis una idea de lo que puede querer un niño/a de 9 o 10 años?

Pues si. Lo grabé porque su reacción fue muy bonita. Al final del video si os fijáis me pregunta si le voy a seguir o algo. No se fía demasiado aún. Pero si, hace unos meses decidimos que ya era hora de confiar en él y dejarle que fuera a la panadería él solo todos los días y se encargase de alguna compra. Unai llevaba cerca de un año pidiéndonos que confiasemos en él para dejarle ir solo a comprar el pan. Pidió eso como podría haber pedido ir a cualquier otro sitio pero, imagino que fue lo más lógico para él, dado que no tiene mayor interés en ir a otros sitios solo todavía. Aunque no parezca algo peligroso, para una madre que no ve a su hijo tomar demasiadas precauciones al cruzar la calle cuando vamos juntos, esto se me hacía un mundo. Que no mire al cruzar o que mire pero no le vean, que mire demasiado tarde….en fín, mucho estrés. Pero claro, algún día tendría que enfrentarse a esa situación. Cómo prepararle?

Lo primero fue hablar de los cruces. Para ir a esa panadería tiene que hacer al menos dos cruces de calle que no son de fiar porque no tienen semáforo y una de ellas ni paso de zebra. Tuvimos una conversación entre los tres en la que llegamos a un acuerdo de cómo sería que lo haría. También hablamos de que, al no tener teléfono, no se entretuviera mucho por el camino para que no nos preocupásemos. Y que sólo podría ir donde acordamos, no a otros sitios, hasta haber llegado a otro acuerdo.

Y es que Unai siempre ha sido un niño con mucha curiosidad por conocer, aprender, viajar. En definitiva, siempre ha tenido ganas de volar. Y me gusta, yo sé que tiene unas raíces profundas pero (secretamente) me encantaría (en mi ser madre interior) que no me dejase nunca. Sin embargo, al mismo tiempo, cuando pensamos un alguien de 18 a 20, nos gustaría que ese casi adulto sea capaz de manejarse en el mundo y que tenga una mentalidad de «puedo, puedo, puedo». Nos gustaría que ese medio joven adulto tenga lo que Albert Bandura denominó como «auto-eficacia». Asi que, conociendo a Unai y las inquietudes que ya de niño tiene, tengo que ayudarle a cultivar esas herramientas tan valiosas que le van a ayudar a desarrollarse como un adulto capaz. Porque la auto-eficacia no es algo que se obtenga solo por el hecho de cumplir años, es algo que hay que cultivar, a diferentes niveles, desde niños.

Este paso me ha ido dando la confianza para dar el siguiente. Unai tiene un globo del mundo y a veces lo mira y nos dice los lugares del mundo a los que quiere viajar. Quiere conocer culturas diferentes, idiomas diferentes…. Así que me puse a pensar. Cuál podría ser la mejor manera de empezar a dar este paso? Aunque él ya ha pedido varias veces que le mandemos a África (él solo), después de investigar y dialogar, llegamos a un acuerdo. Un campamento en Andorra, niños de diferentes países que van a aprender diferentes idiomas y participar en aventuras, CAMPRIALP. Y nos pidió 2 semanas. De golpe, así, sin poco a poco. Os diré que mis hijos nunca han dormido fuera de casa, no han tenido niñera. Vamos, que nunca se han separado de nosotros. No es que estemos en contra o que no quisiéramos separarnos de ellos, sino que simplemente, ambos tenemos unos trabajos que nos han permitido auto-gestionarnos. Pero bueno, él se sentía preparado y llegó el día de despedirme de él. Yo llevaba un par de semanas auto-preparándome para el momento y ser capaz de no dejarme llevar por la emoción. Y no solo lo logramos los dos sino que el tiempo que lleva allí (algo menos de una semana) me ha ido demostrando un nivel de responsabilidad que no sabía que tenía. Por las mañanas aprende francés y por las tardes hacen diferentes aventuras cada día. Aún no le he visto pero tengo la absoluta seguridad de que, gracias a esta experiencia, va a volver a casa con una sensación de logro y unas herramientas de gestión que le van a enriquecer en su vida.

Unai y Savva, su compañero de habitación en Andorra
Eneko en su papel de «niño de la fiesta» en el Cascanueces con el Ballet de San Petesburgo

Claro que cada niño es diferente. No todos piden lo mismo, y desde luego que cada niño necesita algo diferente. Yo no puedo dar a mis tres hijos lo mismo porque no van a querer ni necesitar lo mismo. Eneko no tiene, de momento, ninguna intención de ir a dormir ni con sus abuelos. Pero él se pone otras metas, como la de ir a un ensayo de Ballet solo, en un escenario nuevo, lleno de adultos que no hablan su idioma, y dejarse pasar de mano en mano en una actuación de Ballet por desconocidos. Cuando bailó el Cascanueces por primera vez, tenía mis dudas de si en el último momento se me tiraría a mis faldas. Pero no dije nada, y ni se quejó, hizo lo que le pidieron porque lo que más le gusta es bailar. Y no es que yo no podría haberme quedado con él, otras madres de los más peques lo hacen, sin embargo, yo decidí que era una buena oportunidad para ver lo que él decidía sin pasarle mis propios miedos e inseguridades. Y el resultado fue sorprendente.

Esa mirada lo dice todo para mi. Una sensación de logro que le va a dar una autoestima y seguridad en sus propias capacidades. No tiene precio.
Aroa llevando mi maleta de «juguetes» a la clase de Yoga. A veces no le resulta subirla a la acera o dar la vuelta. Hay gente que pasa y me dedica una mirada de reproche pero yo la dejo porque ella «puede, puede, puede». Eso sí, salgo de casa con tiempo para no estresarme si el camino nos lleva más tiempo del normal.

Gracias a que llevo siendo madre unos años, con Aroa soy mucho más consciente de esa innata naturaleza con la que todos nacemos, un instinto de superación. Si nos fijamos en los bebés, están siempre investigando, arriesgando, intentando. Nosotros, como adultos, sabemos de los peligros y riesgos de ciertas acciones y, con la mejor de las intenciones, frenamos esas ganas de superación. Y, aunque la mayoría de las veces está justificado, qué tal si, antes de hacerlo, valoramos la posibilidad de dejarles hacer con supervisión.

Yo tengo muy en mente que quiero educar a mis hijos para prepararles para la vida, en lugar de protegerlos de ella. Pero, cómo se hace eso de una manera segura y eficaz al mismo tiempo?

TIPS PARA ENSEÑARLES HABILIDADES PARA LA VIDA: (tengamos en mente al leer los tips algo que sea fácil de hacer un seguimiento. Por ejemplo, poner un lavavajillas. Y por supuesto, tengamos en cuenta la edad del niño o niña)

  • Primero lo hacemos por ti
  • Luego, lo hacemos contigo
  • Después te observamos hacerlo
  • Y, por último, lo haces completamente solo

A su ritmo, sin prisas. Una acción que parece tan sencilla para los adultos tiene un aprendizaje muy grande.

Algo a tener en cuenta en cada proceso es que queremos darles la sensación de autosuficiencia, de que son capaces. Queremos empoderarles, no micro-gestionarles. Una vez que ya les dejemos hacerlo por si mismos, no debemos corregirlo. Ni siquiera aunque pensemos que no se van a dar cuenta. Se dan cuenta. No importa tanto cómo queda una cama hecha, importa mucho más la sensación con la que ellos se quedan. Y queremos que su mantra sea «puedo, puedo, puedo.»

Llevo siendo madre unos cuantos años y lo cierto es que sigo aprendiendo, sigo creciendo. Intento hacerlo con presencia, con atención plena para poder darles lo que necesitan de mi en cada etapa de su vida. Cometo muchos errores pero sigo aprendiendo. Y si tenéis algún otro truco que os haya funcionado, me encantaría escucharlo para añadirlo a mi pequeña maleta de «trucos».

Mientras tanto, os deseo un feliz verano de conexión 🙂

Mandalas: una práctica de relajación y meditación ideal para niños.

Mandalas: una práctica de relajación y meditación ideal para niños.

Viernes, 12 de abril de 2019

Bueno, por fin llegaron las vacaciones. Este trimestre se nos ha hecho largo a todos: niños y adultos. Me encanta tener a los niños en casa porque, para mi, es una forma de volver a recuperar nuestro centro, nuestra conexión. Pero no nos vamos a engañar, también ocurre que estando tantas horas juntos, a veces se hace difícil mantener la armonía.

Otra cosa que ocurre en vacaciones es que o bien nos vamos de viaje o bien salimos más de lo habitual y eso hace que ellos puedan aburrirse más, dado que no siempre los adultos tenemos la opción de hacer lo que a ellos más les gustaría o necesitan. Las comidas fuera de casa con familiares o amigos, en donde hay tantos niños enganchados a «las pantallas» porque no tienen otro entretenimiento es algo que podemos ver de forma habitual cuando salimos a la calle. O el caso de entrar en un sitio y ver una pantalla enorme, mostrando imágenes o videos, a veces no muy apropiados para determinadas edades.

No nos falla nunca. A veces me sorprende que no se aburran de llevar siempre Mandalas. Es cierto que hay días que pintan más que otros pero muy rara vez hemos tenido que recurrir a «las pantallas» para que se entretengan fuera de casa.

Cuando salimos lo primero en lo que pienso es en lo que vamos a hacer y qué puedo hacer para mejorar la calidad de ese tiempo que van a pasar mis hijos supeditados a los deseos de los adultos. Ojo! Con esto no estoy criticando que hagamos cosas que deseemos los adultos. Bill y yo no tenemos ayuda con los niños. Quizás de vez en cuando salimos un rato solos mientras se quedan con una amiga, pero eso puede que ocurra una vez cada 4 o 6 meses. Entonces, para nosotros es importante que, aunque estemos todos juntos, Bill y yo podamos tener un momento de conexión. Y lo cierto es que se puede conseguir.

Aroa busca sus propios momentos de paz. A veces me la encuentro así. Con uno de «mis»cuadernos de Mandala.

Desde hace muchos años que uso una maravillosa herramienta que funciona muy bien con mis hijos. Cuando Unai era más pequeñito, al ser un niño más nervioso y movido y con una gran necesidad de atención, nos era muy difícil encontrar algo con lo que él pudiera encontrar su silencio interior, concentrándose y en paz. Pero empezamos a usar Mandalas en casa y todo cambió. A Unai, de pequeño no le gustaba pintar ni colorear pero con los Mandalas fue una conexión que fue ganando poco a poco. Al cabo de un año más o menos, ponías un Mandala delante de Unai y se concentraba al instante, coloreando con una tranquilidad y paciencia que no tenía para casi nada más. Tendría unos 4 años por aquel entonces. Hoy en día, una de las maneras en las que él encuentra su momento de silencio es coloreando. No le gusta pintar pero si le gusta colorear tanto Mandalas como otro tipo de dibujos que usamos con afirmaciones positivas.

Gracias a esta práctica, Bill y yo tenemos momentos para mirarnos a los ojos y conectar en pareja.

Para nuestra familia los Mandalas son otra de las herramientas que usamos con regularidad. Cuando vamos a salir, nunca lo hacemos sin Mandalas y pinturas. Parecerá increíble pero cuando vamos a un restaurante (generalmente siempre vamos donde nos conocen y saben de nuestras aficiones ;)) están los tres entretenidos y es un tiempo de calidad que Bill y yo aprovechamos para «arreglar el mundo, jjj.»

En mis clases de yoga usamos Mandalas como momento de relajación. Es un momento que ellos, mientras ellos se relajan, yo aprovecho para darles masajes. Ponen su nombre en su Mandala y cada semana pueden seguir coloreando un poquito. Cuando los terminan, se los llevan a casa donde los usarán con otra finalidad. No importa cómo los coloreen, lo importante es que lo hagan de forma presente, sin correr, ni para terminarlos y llevárselos a casa. Es como un ejercicio de meditación.

Es posible que estéis pensando cuál es la edad para empezar a pintar Mandalas. Bien, no hay edad. Aroa vio su primer Mandala en cuanto pudo sentarse en nuestras piernas. Al principio, bueno, os imagináis que pintaba «garabatos» pero creció viendo la rutina de hacerlos y poco a poco, ella solita encontró su conexión con ellos.

Qué es un Mandala? Bien, hay bastante confusión hoy en día al respecto. Aquí podeis encontrar información. Algo que sí os puedo decir es que un Mandala es abstracto, si hay una figura como animales, personajes de Navidad….deja de ser un Mandala. Por qué? Cuando ponemos en un Mandala una figura reconocible dejamos de ser creativos y coloreamos acorde con las normas culturales, con cómo nos han enseñado que esas figuras son.

En este video que veis aqui, muestro un poco cómo hacemos los Mandalas en casa:

No solemos ponernos tan ceremoniosos cuando hacemos esta actividad/meditación pero hoy quería grabarlo de forma que fuera más claro el procedimiento para los que comencéis con la práctica. El video, cortesía de Unai y siempre con música de mi gran amiga Cynthia Zak.
La música que ponemos siempre es o sin letra, o con mantras. Para que el foco de atención sea el ejercicio y no haya distracciones. Música que ayude a la atención y concentración.
Eneko quiso mostrar su ejercicio y, si escuchamos a los niños, es asombroso su interpretación e intención en este Mandala. El representó su versión del Yin y Yang. Oscuridad & luz.

PASOS PARA INTRODUCIR LA PRÁCTICA DE LOS MANDALAS:

Siempre intento que el entorno sea el adecuado. Que todo ayude a la práctica.

1.- Encontrar un libro o cuaderno de un tamaño más o menos acorde a la edad del peque.

2.- Enseñarle tres Mandalas en un espacio libre de distracciones y en ambiente de calma.

3.- Darle unas tres respiraciones conscientes para que pueda elegir el que más le llame la atención.

4.- Una vez que haya escogido, que se tome su tiempo para colorearlo poco a poco, sin prisa y escogiendo los colores con atención plena.

5.- Poner una música que invite a la calma y concentración.

6.- Que sea el niño el que decida cuánto tiempo quiere dedicarle a esta actividad.

7.- Cuando sea que termine el Mandala, recortar el círculo y colgarlo en una pared, a la vista de todos y, cuando paséis por esa pared, mirar el Mandala y respirar 3 respiraciones conscientes.

Es cierto que hay niños a los que no les atrae mucho colorear o pintar. Esto es como cuando muchos adultos dicen que no tienen tiempo para meditar. Esos son los que más se pueden beneficiar de la práctica. Lo digo con todo mi cariño. Con Unai, al principio no fue fácil. Pero entonces, lo que hacía al principio es que empezó como una práctica en familia. El adulto modela. Poco a poco, de forma natural y orgánica, van encontrando ese silencio interno que les ayuda a conectar con la práctica. Dar tiempo, ser constantes es para mi la clave. Como en cualquier otra práctica, el cerebro necesita de un tiempo para que el aprendizaje vaya asentándose y para que la conexión sináptica se haga más fuerte.

Os animo a que lo probéis estas vacaciones. Y si ya sois adictos a esta práctica, me encantaría escuchar vuestra experiencia y lugares en que la practicáis. No dudéis en dejarme un mensaje. Cualquier duda o consulta, estoy a vuestra disposición.

Feliz descanso y conexión en familia.

Y yo, a desconectar de la redes para conectar en familia.
«¡¡¡¡¡¡¡¡Mamá, se me acabaron las palabras!!!!!!!!»

«¡¡¡¡¡¡¡¡Mamá, se me acabaron las palabras!!!!!!!!»

Viernes, 15 de marzo de 2019

El sábado pasado me llevé un susto. Bill y Unai no estaban en casa. Eneko y Aroa estaban jugando en el salón de forma tranquila y arriba en mi habitación estaba yo dando los últimos toques a una clase que tenía que dar el domingo por la mañana. Llevaban ya un rato jugando y yo había bajado a supervisar de cuando en cuando.

De repente escucho un llanto profundo y pensé que alguien se había caído o hecho daño. Bajo corriendo las escaleras y me encuentro a Eneko llorando y agarrándose el pecho. Como puede me dice que Aroa le había mordido. Me enseña el pecho y veo toda la marca de los dientes de Aroa.

Los músculos se me tensaron y el corazón me empezó a latir con mucha fuerza y aunque en el momento no me da tiempo a razonarlo porque se ha puesto al mando de la acción mi cerebro reptiliano y su sentido de la supervivencia, la situación no es tan grave como he decidido de forma instintiva, que sea.

Rápidamente miro la zona afectada de Eneko y busco Lavanda para calmar la herida lo que, de manera indirecta, ya está calmando mis sentidos. Aún sigo afectada por lo que ha pasado y, aunque aún no lo sepa, lo que más me pesa es la culpa. Le pregunto a Eneko qué ha pasado y me dice que quería pintar con los colores de Aroa y ella le ha mordido.

Bajo a ver a Aroa y me la encuentro hundida en el sofa. Intento abrazarla para poder ver su cara, que la tiene escondida, aunque abrazarla en este momento he de reconocer que no es lo que más me apetece. Sigo enfadada y mis lóbulos prefrontales aún no han tenido tiempo de tomar el control y valorar la situación. Cuando consigo hacer contacto visual con Aroa, ésta se hecha a llorar de forma desconsolada. «Mamá, Eneko no me pidió permiso. No me pidió permiso!!!!». Cuando le pregunto por qué le mordió en lugar de hablar con él, me mira sorprendida y me dice:» No lo sé.»

Es en ese momento donde todo se coloca en su sitio en mi cerebro. Me doy cuenta:

1.- De que estoy enfadada conmigo misma por no haber sido capaz de prevenir el acontecimiento y desatender a mis hijos.

2.-De que llevo demasiado tiempo sin tener un momento de «calidad» con ella.

3.- De que Aroa se ha quedado sin palabras para llamar mi atención.

4.- De que llevamos un tiempo no siendo demasiado firmes con los límites y alternativas.

5.- De que Aroa me está pidiendo mi ayuda.

Aroa sigue llorando y me dice que el otro día se cayó en el trampolín y que se hizo daño, que luego Unai se tropezó encima de ella y un sinfín de sucesos que, al parecer, yo me he perdido. Hacemos juntas las respiraciones conscientes y luego vamos donde Eneko, que sigue tumbado en la cama ya más calmado. Ya, los tres reunidos hablamos de la importancia del uso de las palabras y el respeto hacia todos en casa. Pero como aún estamos un tanto afectados por la situación, sugiero que hablemos de ello en la reunión familliar. Y se van a seguir jugando.

Lo cierto es que como tenemos reuniones familiares regulares, una tabla de rutinas ya bastante bien establecida y trabajamos la autorregulación regularmente, es muy fácil ver cuándo no estamos siguiendo los pasos acordados para el buen funcionamiento familiar (o eso pensaba yo) pero lo que pasa cuando nos ponemos en «piloto automático» es que nos cegamos ante las señales que se nos mandan.

Qué se puede hacer en un momento así?

1.- Para mi, todo empieza dentro de uno mismo. Con lo cual, me hago un chequeo personal y lo hago a través de la meditación. Es lo que me permite conectar con mis emociones en una situación. Es cuando más capaz soy de alentarme en lugar de culparme y darme cariño en lugar de juzgarme. Este es el primer paso para encarar una situación difícil.

2.- Lo segundo es analizar cuál es el mensaje que me está mandando mi hija con esta conducta. Y en este caso, un día después de la situación, lo vi muy claro. Aroa me echa de menos. No que esté físicamente presente, sino con atención plena. Y, lo cierto, es que me doy cuenta de que este mes ha sido un mes de mucho correr y trabajar (inevitable a veces porque todos tenemos que ganarnos el pan, no?) pero no he dado atención de calidad a mi hija.

3.- Aroa ha mordido a su hermano en un impulso desesperado por tenerme cerca. Ojo, no estoy buscando una excusa para así evitar llegar a una solución, estoy intentando ver la creencia detrás de su conducta. Y en su cerebro reptiliano ha tomado la decisión de que la única manera de llamar mi atención es ésta. Para mi es importante validar sus emociones. Le digo que entiendo que estaba muy enfadada para haber hecho algo así, que yo la entiendo porque también me pasa a veces y buscamos una alternativa a «morder».

4.- Nos sentamos en familia y hablamos de cómo el hecho de que mamá esté más ocupada y perdamos ciertas rutinas han afectado el funcionamiento y buen fluir familiar. Con lo cual, volvemos a recordar todos (y digo todos porque yo he sido la primera en olvidarlos 😉 )cuáles son los límites, qué tipo de comportamientos no son apropiados y recordamos las opciones que tenemos cuando algo no nos gusta.

5.- Está bien recordar los límites y demás, pero siempre nos gusta acabar con una nota positiva y aquí he de decir que Bill me ayuda mucho porque él es capaz de ver cuándo yo más lo necesito. Entonces les digo que siento haber estado tan ocupada y que el a partir de la semana que viene retomaremos los «momentos de calidad» que tanto echan de menos. Pronto explicaré lo que son y cómo los hacemos en casa.

Después de mi clase, volvemos a sonreír todos. A esto aspiramos, a vivir en armonía y aunque no siempre es fácil, merece la pena el trabajo.

No es fácil compartir una experiencia difícil. Nos sentimos vulnerables y expuestos. Sin embargo, yo he decidido tomarlo como una oportunidad de aprendizaje en mi camino. Y al compartirlo mando un mensaje de aliento a todos los padres. A tantos que se acercan a mi y me comparten sus «errores».

Momento final de mi clase en la Formación de futuros «Profesores de Yoga para niños» de la escuela Om Shree Om con la que trabajo como colaboradora.

En la clase que di el fin de semana pasado, muchas madres me contaban su sentir de culpabilidad, su desesperación en determinadas situaciones y su sensación de apertura de conciencia después de la clase. Y ese es el primer paso y el más importante. Por eso comparto. Porque sigo cometiendo muchos errores y gracias a ellos sigo creciendo.

Y así es como suelen estar ellos, felices, los mejores amigos del mundo, verdad?

TIPS a usar en rabietas:

1.- Conexión antes que corrección

2.- Validar sus emociones

3.- Buscar la creencia detrás de la conducta

4.- Buscar soluciones

5.- Encontrar momentos de calidad

6.- Seguir trabajando la autorregulación día a día

El susto pasó pero, como es de esperar, momentos de estos aún quedan unos cuantos. Sin embargo, intentaré tener presentes las palabras de mi querida Marisa Moya «ocuparse, no preocuparse. No darle demasiada magnitud a la situación.» Y seguir recordando los acuerdos, límites para el mejor funcionamiento de la familia. Muy importante para poder seguir

La magia de la respiración

La magia de la respiración

Viernes, 1 de marzo 2019

En todas mis clases, bien sea de niños o adultos en formaciones, antes de hacer algún ejercicio de respiración consciente hablo de que «a continuación vamos a trabajar con un elemento mágico

Con esto enseguida capto su atención. Es cierto que cuando les desvelo que el elemento mágico es la «respiración» me miran un poco con decepción pero pronto vuelvo a captarla explicándoles el papel que la respiración juega en nuestras vidas, nuestras emociones y nuestras acciones.

Cuando hacía teatro me acuerdo que el director nos hacía hacer un ejercicio en el escenario donde nos sentábamos y simplemente respirábamos. Sin más. Sin hablar. Y la respiración, por sí misma nos llevaba a diferentes emociones. A veces nos reíamos, otras llorábamos, pero la respiración obraba su magia todas las veces.

Lo mágico de la respiración es que, a través de ella, podemos entrar en una emoción y también podemos gestionar una emoción que surja.

Con los niños, en particular, trabajar la respiración de una forma regular, en el día a día, ayuda en momentos de crisis. Esos momentos en los que su sistema instintivo toma las riendas de sus conductas (esto nos pasa a los adultos también claro).

Mi hija Aroa, que acaba de cumplir 4 añitos, desde muy pequeña ha tenido momentos en los que, cuando se frustra o se enfada, reacciona de maneras muy «instintivas», vamos a decir.

De más pequeñita se tiraba al suelo, se daba golpes a propósito para hacerse llorar y tiraba cosas, lo que estuviera enfrente suyo. Le suena a alguien? Y no hablemos de pegar….. Poco a poco, sus reacciones duran menos tiempo y son más razonables. Porque trabajamos a diario su gestión.

En casa intentamos seguir, siempre que podemos y nuestro propio sistema instintivo nos deja, uno de los principios fundamentales de la Disciplina Positiva: «Conexión antes que corrección

A continuación quiero mostraros un par de ejemplos de cómo gestionamos las rabietas de la más pequeña de la casa:

En un momento de rabieta, decidí grabarla porque su manera de conectar con la respiración 
hasta en sus momentos más críticos, es fascinante.  Aquí, a punto de ir a dormir me estaba
pidiendo caramelos.

He de decir, que entre que grabamos y todo, ya se ha ido calmando. No es fácil documentar en un momento tan delicado. Pero quise hacerlo, porque me pareció importante que, si hablaba de la magia de la respiración, poder probar cómo funciona de verdad en momentos como este, si se practica de forma regular.

Bueno, os voy a enseñar otro momento, en el que fue un poquito más difícil.

Aquí ella me está pidiendo algo que es muy razonable.  Ella quería jugar conmigo.  Pero en ese momento yo estaba ocupada y entonces ella respondió llorando y hasta pegándome un poco.

Una vez que está calmada ya podemos intentar hablar y su sistema prefrontal es más fácil de acceder.

A veces voy por la calle y veo un momento de «crisis» entre un niño y el adulto. El adulto, muy a menudo le dice al niño: «pero cálmate, relájate.» En ocasiones, hasta gritando. Y yo siempre pienso: «qué es cálmate, relájate?» Los niños y muchos adultos, no saben realmente cómo lograr esa calma y esa relajación que tanto deseamos todos. Por qué es tan difícil?

Los instintos primitivos y las emociones toman el control de las acciones con tanta frecuencia porque esas redes se activan en tan solo 125 milisegundos y en ese corto tiempo, ya han producido los cambios corporales necesarios para iniciar una conducta instintiva.

Sin embargo, el sistema prefrontal necesita más tiempo para activarse. Concretamente, necesita 500 milisegundos. Lo que quiere decir, que al principio, son meros espectadores. Es por eso que, tanto en niños como en adultos, muchas veces, los primeros milisegundos de acción, son inconscientes.

No os ha pasado nunca que os preguntais cómo es que habeis hecho o dicho algo que, normalmente, no aprobarais? «¿Por qué he dicho eso? ¿Cómo hice esto?» Bien, es algo muy humano. Y no hay que castigarse por ello, pero sí podemos aprender a gestionar esas reacciones.

Voy a compartir con vosotros como nosotros lo hacemos en casa:

Como veis, mis videos son muy caseros.  Unai nos estaba grabando y yo, bueno, no me siento

en mi elemento en los videos.  Es una inseguridad que estoy intentando trabajarme 🙂

En casa, practicamos ejercicios de respiración desde que Unai nació. Es fundamental practicar la respiración consciente de forma regular para que cuando les digamos en un momento de crisis «respira», sepan a lo que nos referimos.

Cómo se hace:

  1. Acordar en familia el comienzo de la práctica a diario.
  2. Acordar en familia el mejor momento para hacerlo ( para que no suponga otro motivo de estrés).
  3. Acordar en familia cómo se hará el ejercicio. Es decir, qué se usará. A nosotros nos gusta usar el chimes. Lo podeis encontrar aquí.
  4. Mientras escuchamos su armonioso sonido, respirar. Inspirar notando la tripita hincharse. Exhalar notando la tripita relajándose. Como veis, Eneko prefiere tocarse la tripita con la mano. De esa manera, él es más consciente de ese ejercicio.
  5. Acordar en familia, el tiempo que va a durar el ejercicio. Poner metas realistas, es mi consejo. Es decir, si no están acostumbrados a sentarse y respirar, no será muy razonable pedirles que lo hagan por 5min. Por eso, se puede decir que se puede tocar el «chimes» tres veces y ya está. A mi me gusta que ellos estén en control de las cosas en la medida de lo posible y por eso, tomamos turnos en el control del sonido y hacemos rondas. Ellos suelen decirme cuántas rondas quieren. Como digo, acordar en familia.
  6. La próxima vez que tengan una rabieta, o la tengas tu, acuérdate del ejercicio y trata de ponerlo en práctica. Si el niño o niña no puede conectar con la respiración, ayúdale practicándolo tu. Esto le ayudará a, poco a poco, interiorizar la práctica.

Cuando practicamos la respiración consciente de forma habitual estamos entrenando a nuestro cuerpo, nuestra mente y corazón. Con estos ejercicios le damos tiempo al sistema prefrontal a tomar control de la respuesta a un estímulo. Dándole tiempo, podremos estar más en control para responder en lugar de reaccionar.

Lo que es más importante, estamos dándoles herramientas que les servirán de por vida. Porque lo cierto es que, no siempre podremos «darles lo que quieran para que dejen de llorar y montar un espectáculo» o «dejarles llorar y patalear hasta que se cansen o aburran.» Pero sí podemos acompañarles y ser «la escalera que conecta las emociones e instintos con el sistema prefrontal.» Para que puedan prestar atención, razonar y seleccionar la conducta de una forma más adecuada.

Os animo a probarlo, al principio es posible que sea difícil para todos en casa, pero a la larga, merece la pena. Compartid conmigo vuestros trucos o prácticas también si así lo sentís. Y si tenéis alguna duda, aquí estoy.

Seguimos,